martes, 3 de noviembre de 2009

Voz del que clama en el desierto!


Caminando por el Jardín, llegando a los páramos de una Cátedra olvidada me encontré con un maestro que a un auditorio invisible predicaba. Enseguida, atrapada por gestos y ademanes me senté a la puerta sin atreverme a pasar.
-Anda entra pequeña es importante que escuches esto por la tarea que vas a comenzar.
- Yo, señor no voy a más que enseñar, no es ninguna tarea muy noble, sino que te dicen que hoy día es para volverse loca de atar; y ahora mismo estoy probando el polvo del piso por mucho que me esfuerce.
-Lo tuyo pequeña no es más que un querer aprobar que nada ha que ver con lo que ahora te voy a enseñar. Esto es para que sepas y estés preparada, escucha bien mis palabras : PROFESORA NO ESTÁ EN TÍ COSECHAR. tu misión está en sembrar, en hablar hacia el desierto sin tener jamás la certeza de que vas a tener éxito. De vez en cuando el Maestro para quien trabajas te dejará saber qué semilla dió fruto, pero no pienses que ésta merced es dada a todos siempre. Si esperas siempre poder contemplar ésta merced, tu existencia será desdichada, ya que no siempre se ven los frutos y no siempre se sabe dónde cae la semilla. Por ello hoy en día la vocación de Profesor es la vocación de Bautista está llamado a ser la voz que clama en el desierto, preparando los caminos del Señor, más no recorriéndolos por el ni cosechando lo que es de Él cosechar...

3 comentarios:

ver con los ojos del corazon dijo...

Si.... es una comprensión, querida hermana, que ve bien recordarla... pues siempre en todo, solemos poner expectativas...

Y luego está el hecho de nos gusta ver resultados... que nos agradezcan las cosas... Nustreo ego funciona así.

Para sintonizar con EL CRISTO INTERIOR... hemos de ir desprendiéndonos de todos esos tentáculos que ensucian y confunden nuestra acción...nuestra motivación inicial.

La generosidad...la gratuidad... el dar sin esperar nada a cambio... el desprenderse de la necesidad de halagos... de reconocimiento... y ese aspecto tan occidental de querer ver pronto resultados...parece que así nos sentimos seguros, importantes, tranquilos...justificados.

A medida que abordamos esa PRESENCIA DE DIOS en nosotros...que la descubrimos...nuestro yo va empequeñeciéndose...para darle paso a ÉL... Así, ocultamente y luego de forma manifiesta.. nuestro ser va liberándose poco a poco de la prisión de los resultados y las expectativas.

Un largo camino...para mi al menos. La atención y SU AMOR...vendrán en neustra ayuda.

Un Abrazo, hermana!
Voy siguiendo tu blog
Carmen
concienciaprimordial.blogspot.com

Natalio Ruiz dijo...

Carísima amiga:

Leí esto (como suele acontecer con sus post) ni bien salió y me dejó pensando. Quería ordenar mis ideas antes de comentar.

Pero luego escuché un sermón bajado del Athos en forma de cds (que pueden adquirirse por una módica suma ;)) realmente brillante que me hizo recordar su post.

Realmente el Athos suele volar altho pero hay momentos donde se eleva más de lo habitual con la sensillez y claridad de lo inspirado.

A partir de la parábola del sembrador (el evangelio que correspondía) tomaba el modelo de la Virgen como Virgen espiritual, como tierra de máxima fertilidad, como "supositum" perfecto del Verbo.

Y hablaba luego de la tarea a realizar en las pequeñas tierras que deben recibir la "semilla que nunca falla". Y la tarea es más fea u opaca (a primera vista) aún que la del sembrador. Ni siquiera plantamos semillas... debemos ser "desmalezadores", quitar la piedra, las espinas y otros obstáculos que impiden crecer a la Semilla que planta el Sembrador.

Y luego pensaba.... y sí, Sócrates tenía Razón y Santoto y San Agustín (en sus "magistro") lo entendieron perfecto.

Ahora cierra todo.

Como todo lo de Dios.... bellísimo.

Respetos pedagógicos.

Natalio

Mary Lennox dijo...

Natalio:
Todo un tema ya que el maestro de esta tierra no es la verdad como sí lo es el Maestro Verdadero. Por ello pensaba justamente en la Voz que clama en el desierto, porque San Juan tenia la tarea de abrir el paso al Salvador pero a la vez también de sembrar en el alma la sed del Salvador. El preparaba araba la tierra desértica de sed para luego después señalarle la fuente de agua viva.
Y hoy más que nunca necesitamos ser conscientes de la presencia de Dios en nosotros como dice Carmen, y saber que somos instrumentos, para así no envanecernos y buscar reflejarnos en el resultado; pues el que se tiene que reflejar es Él.
Saludos
Mary