martes, 13 de diciembre de 2011

Andrómeda y Perseo III


-Si tan sólo Señor... - suspiraba ella tirada en la arena mientras escuchaba las olas del mar. Olas que le sugerían dulcemente al oído que se quedase allí sin levantarse. Parecía que en el mismo vaivén las misma olas decían:
- quédate...olvídate... no busques más.... descansa... no te agotes.... ¿Por qué tienes tu que levantarte? si nadie hace nada, ya nadie se levanta de esta orilla, ya nadie toma su Barca. Entonces para qué tu iras, ¿Para entrar en la deriva?...
"No te agotes tú solo descansa" decían las olas, y ella embelezada hasta el punto de la apatía casi caía en ese sopor, el mismo que retinía a Odiseo en la isla de los lotófagos.
Pero de nuevo volvía a suspirar:
-Si tan solo Señor... - y el deseo la carcomía desde dentro, le recorría cada uno de sus inertes y tirados miembros... y el deseo era una respuesta de valentía frente al mar que lanzaba sus cadenas para atrapar a Andrómeda.
-Si tan solo Señor....-Repitió Andrómeda y ésta vez el mar aún enbravecido, no pudo detenerla... Perseo había venido a Tomar a su Esposa para que ya no esperara a las puertas...

1 comentario:

Antrophistoria dijo...

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Un saludo!!

antrophistoria.blogspot.com